Reflexiones al cumplir un cuarto de siglo: 25 años

25 años. Mucho o poco tiempo dependiendo de a qué persona se lo preguntes y sobre qué se esté hablando. 25 años son pocos para un país. 25 años son muchos para un establecimiento. Y, ¿para una persona? Hay personas que a esta edad no saben qué hacer con su vida, mientras que otras (pocas) ya lo tienen todo solucionado. Reflexiones sobre cumplir un cuarto de siglo: 25 años.

Llegar al cuarto de siglo, lo quieras o no, te hace reflexionar sobre el momento de vida en el cual te encuentras. Digo quieras o no porque si no te sale de dentro hacerlo puedes estar tranquilo que la gente de tu alrededor te recordará lo importante que es este número y, en cierto nivel, te forzará a reflexionar al respecto.


La primera pregunta que me pasa por la cabeza al intentar hacer balance de mi vida hasta esta edad es: ¿Cómo evalúo? ¿Qué indicadores utilizo? ¿Cómo llego a unas conclusiones claras? Bien, nadie tiene las respuestas a estas preguntas ni se sabe le mejor manera de hacerlo. Y, en parte, aquí está la gracia del asunto.

¿Me fijo en la trayectoria profesional (si se ha iniciado)? ¿En la vida sentimental (si se tiene)? ¿En mi proceso de evolución como persona? ¿En la gente que me rodea a diario? En mi opinión se trata de reflexionar un poco sobre todo y sobre nada al mismo tiempo. Es importante de vez en cuando parar y pensar sobre el recorrido que se está haciendo. El cuarto de siglo es un momento tan bueno como otros para hacerlo.

Como ya he dicho en posts anteriores, la reflexión personal es importante y necesaria para uno mismo. Siempre que se saquen valoraciones positivas de ello y no nos martiricemos al respecto. Estos momentos de pausa nos ayudan a pensar en si estamos yendo en la dirección que queremos, siempre sabiendo que se está a tiempo de cambiar y que nunca es demasiado tarde en la vida para absolutamente nada.

Nunca volverás a tener 25 años. Cada momento que pasa es un momento que no volverás a revivir. No te compares con otras personas para saber si estás haciendo las cosas bien porque, en realidad, nadie en esta vida sabe si está haciendo las cosas bien. Esta expresión de “hacer las cosas bien” puede llegar a frustrar an muchos y a muchas. ¿Bien respecto a qué? ¿Respecto a quién? ¿Con qué finalidad? Nadie lo sabe.

Ya hablando totalmente desde mi punto de vista personal, llegar al famoso cuarto de siglo me ha ayudado a ver la vida desde otra perspectiva. No diría verla de otra forma completamente distinta a como lo hacía a los 24 años, porque no es así, pero sí que después de un pequeño proceso de reflexión las pequeñas cosas se ven distintas. En mi caso me ha ayudado a apreciar más todo lo que tengo a mi alrededor y a disfrutar mucho más de las pequeñas cosas sin tener en cuenta la opinión de la gente que me rodea (y que no me importa). También me ha servido, por otra parte, a escuchar mejor las opiniones de la gente que sí me importa y a la que le importo.

Sigo sin saber qué haré con mi vida a un año vista. Ni a un mes vista siendo totalmente sincero. Pero tengo ganas de descubrirlo. Esto es lo que me han enseñado los 25 años de mi vida: no saber a donde ir no significa estar perdido.

Des de hace mucho tiempo he vivido mi vida como un actor secundario en la película en la cual debería ser el personaje central. Ahora sé que soy yo el protagonista. Son mis acciones, mis momentos, mis pensamientos. Se trata de mi vida. Y nadie puede quitarme el papel protagonista. Hasta aquí las reflexiones sobre el cuarto de siglo: 25 años.


Y tú, ¿ya has cumplido el cuarto de siglo? ¿Lo haces en breve? ¿Qué pasaba por tu cabeza a esa edad?

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Marc Gavaldà
Marc Gavaldà

Chico de 27 años y sumando. Me gusta: la comunicación, técnicas de productividad, gestión del tiempo, viajes, música y más.

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