Hacer mucho no es sinónimo de productividad

A todos y a todas nos gusta la sensación de ser productivos. Sentimos que estamos haciendo lo correcto. Debemos estar siempre haciendo alguna cosa para sentirnos bien, da igual lo que sea, pero debemos estar ocupados. Productividad es una palabra peligrosa ¿Es lo mismo ser productivo que hacer muchas cosas? En mi opinión: no.

Vivimos en una era en la que tenemos al alcance de nuestras manos miles de actividades. Quien se aburre es porque quiere. Por eso muchos y muchas pecamos de querer hacer demasiadas cosas cuando en realidad no nos centramos en ninguna. ¿Qué pasa cuando haces esto? Que aprendes un poco de mucho pero perfeccionas mucho en poco.

No es cierto que porque tengas cada minuto de tu día ocupado con alguna tarea ese vaya a ser un día productivo. Mi definición de productividad es hacer aquello que te ayudará a cumplir unos objetivos a largo plazo. Por tanto, ya podemos estar ocupados las 24 horas del día que si estas actividades no van alineadas con unas metas concretas, el día no será productivo porque no estaremos avanzando en nuestros proyectos de vida.

Es verdaderamente imposible estar todos los días de nuestra vida siendo lo más productivos que podamos. Si llenamos nuestros días con miles de actividades y no hay descansos de por medio, acabaremos aburriendo estas rutinas tan exigentes. Ya sea porque acabaremos exhaustos a diario, o porque nos damos cuenta que no estamos avanzando en nuestros objetivos, o bien porque no damos tiempo a otros puntos importantes: como la familia, las amistades o la pareja.

En mi humilde opinión no debemos cargarnos los días de miles de tareas que sabemos que no podremos realizar. Un día tiene 24 horas que, por una parte, parecen muchas (y lo son si sabes gestionarlas bien) pero estas horas también pueden pasar volando. Y es entones cuando te das cuenta de que se te fue medio día de las manos y tu lista de cosas pendientes por hacer sigue intacta. Esto puede pasar por 3 motivos:

  • Has subestimado el tiempo que tenías.
  • Has perdido el tiempo.
  • Has indicado demasiadas cosas por hacer.

Es una lástima que tengamos que estar haciendo cosas continuamente para sentirnos valorados. En la actualidad nos faltan más momentos de pausa. Momentos de reflexionar. Momentos de preguntarnos dónde estamos y dónde queremos ir. Estos momentos de reflexión son importantísimos y no les damos la importancia (ni el tiempo) que merecen, porque en nuestro día lleno de tareas por hacer, pocas o ninguna de ellas son para este tipo de reflexiones.

Por eso es crucial saber parar cuando es necesario. Pero, ojo, con esto no digo que debemos estar perdiendo el tiempo en redes sociales o tomarnos cada día con una calma exagerada. Todos y todas hemos tenido etapas más ajetreadas que otras, pero al final del día solo son eso: etapas. La productividad viene y va. Si durante unos meses debemos estar sin parar, lo hacemos porque ya vendrán tiempos más tranquilos. Pero estar cada día con miles de tareas pendientes a realizar no es sano a largo plazo.

Hay personas (entre las que me incluyo) a las que les gusta estar con mil cosas entre manos. Y cuando no estamos con miles de cosas nos sentimos perdidos e inútiles. Pero siempre llega un momento en el que te das cuenta que no por estar siempre ocupado llegarás a tus objetivos. Para conseguir tus metas debes dedicar tiempo a los puntos importantes que te ayuden a cumplirlos. Podemos engañarnos y decirnos que no entendemos porque no alcanzamos eso que deseamos, si estamos todo el día ocupados. En realidad ya podemos estar siempre liados que si todas esas actividades no van alineadas no conseguiremos nada.

Nos estresamos solos y solas. Somos nuestros peores críticos. Nos exigimos demasiado. Con estas palabras te animo a parar y a reflexionar sobre tu día a día. Seguro que notas cosas que haces a diario y puedes cambiar a mejor. Define qué es para ti la productividad. Recuerda que los cambios asustan, pero si no hay cambios todo sigue igual y no verás los resultados que esperas.


Marc Gavaldà
Marc Gavaldà

Chico de 26 años y sumando. Me gusta: la comunicación, técnicas de productividad, gestión del tiempo, viajes, música y más.

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