¿Aprovechando o desperdiciando el tiempo?

Tiempo. Tan efímero. Tan frágil. Tan rápido.

Empezamos a ser conscientes de lo importante que es el tiempo cuando ya es “demasiado tarde”. Entrecomillado porque -casi siempre- nunca es demasiado tarde para nada.

El tiempo es de las pocas cosas que son imposibles de recuperar. Entendemos recuperar el tiempo perdido como un acto de redención después de un proceso de reflexión en el que hemos sido conscientes que podíamos haberlo aprovechado de mejor manera en algunos momentos de nuestra vida. Pero… ¿por qué no aprovecharlo desde un primer momento?

Siempre nos han dicho que tenemos que aprovechar el tiempo, pero nadie explica qué significa realmente esto y qué se tiene que hacer para conseguirlo. Es un término muy relativo y lo que es aprovechar para unos es desperdiciar totalmente par otros. Entonces, ¿cómo sé si lo estoy aprovechando?

Diferentes maneras para diferentes momentos. La más simple y positiva sería pensar si lo que estamos haciendo en nuestra vida nos aporta felicidad. Si la respuesta es afirmativa, algo estamos haciendo bien y podríamos decir que sacamos buen provecho al tiempo. Si se quiere ir más allá y ponerse filosófico, aprovechamos el tiempo si estamos cumpliendo objetivos y caminamos hacía una meta.

Todos nuestros movimientos son parte de un plan mayor al que queremos llegar, siendo este objetivo final la meta y la felicidad máxima -o no-. ¿Estamos avanzando en esta dirección consiguiendo objetivos? Pues aprovechamos el tiempo. Nada nos asegura, no obstante, que al llegar finalmente a este objetivo marcado y utópicamente perfecto seamos completamente felices.


Todos necesitamos objetivos, todos necesitamos saber que vamos hacia algún lugar y no sentirnos estancados con la sensación de desperdiciar nuestra vida. En mi humildísima opinión aprovechamos el tiempo siempre que estemos a gusto con nosotros mismos y evolucionemos en todos los aspectos, pero, sobre todo, en lo personal.

Es importante de vez en cuando parar y hacer el proceso de reflexión interno en el que nos preguntemos: ¿dónde estamos? ¿dónde vamos? ¿nos sentimos bien? ¿hay un proceso de evolución? Importante también no frustrarse inútilmente, pero sabiendo que hay un esfuerzo y ganas de hacer las cosas bien. Escusas sabemos ponernos todos pero no sirve de nada autoengañarse.

Más tarde o más temprano llegamos a un punto en que las obligaciones que teníamos cambian. Ahora toca decidir por uno mismo. El camino marcado por otros desaparece y tienes que empezar a construirlo tú mismo. Con tus acciones, con tus ganas, cómo quieras y de la forma que te dé la gana.

El tiempo es relativo pero lo que no cambiarás nunca es el pasado y lo que ya hayas hecho. Todos nos equivocamos y por eso somos humanos capaces de rectificar, y equivocarse es una parte vital del proceso para mejorar.

El tiempo es de las pocas cosas en la vida que no podemos recuperar y no somos conscientes del impacto que puede tener aprovecharlo o desperdiciarlo. Sea lo que sea que signifique esto para cada uno de nosotros.

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