Adicto a las redes sociales

¿Por qué? ¿De dónde sale la necesidad de entrar en las redes sociales cada cierta hora (o minutos)? ¿Por qué tenemos el deseo incontrolable de consultarlas sabiendo que no hay nada nuevo? ¿Eres adicto a las redes sociales?

He estado enganchado a varias redes sociales en diferentes épocas de mi vida. Algunas con más peso que otras, pero siempre ha sido una cosa temporal. En la actualidad, cuando todos y todas tenemos perfiles en línea, es muy fácil sentir como que te estás perdiendo algo. La realidad es que siempre, en cada momento de tu vida, estarás perdiéndote algo.

Sabemos que es imposible estar al día de todo pero, aun así, queremos estar conectados. Queremos saber qué pasa las 24 horas del día. Explicado de esta forma solo me viene una palabra a la mente: tóxico. Pensándolo fríamente, como seres humanos viviendo en un lugar del mundo desarrollado, no tiene sentido estar viendo un dispositivo móvil cuando tenemos la vida pasando delante de nuestros ojos. Pero no, decidimos vivir la vida con los ojos apuntando 45 grados hacia el suelo para ver qué están haciendo los demás. Decidimos ser un adicto más a las redes sociales.

¿Lo peor? En estas redes tenemos a gente que, o bien conocemos personalmente, o bien no conocemos pero queremos saber de sus vidas. Estar viendo cómo evoluciona la vida de otras personas frena la evolución de la nuestra propia. No es hasta que paras y observas la situación desde una perspectiva externa (viendo como un amigo o conocido está en el teléfono) que no te das cuenta del problema. En la sociedad actual no tener redes sociales se ve como algo extraño. ¿El motivo? Ninguno más que porque todo el mundo lo hace.

Me considero una persona no muy sociable, pero con el paso del tiempo mi forma de ser ha ido cambiando, y con ello también mi presencia en las redes. Como he comentado antes, he pasado por diferentes épocas en las que he estado enganchado a redes sociales. Curiosamente siempre ha ido por etapas y raras veces la “adicción” ha sido a dos redes sociales distintas al mismo tiempo.

La primera fue en secundaria, cuando en el instituto llegó Facebook. Todos y todas teníamos. Pero… ¿qué compartían en esta red jóvenes que su día a día era ir a la escuela y salir con amigos? En ese momento fue cuando el concurso de popularidad salía de las aulas y de los parques para pasar a realizarse en línea.

Twitter fue la segunda red social a la que me enganché, pero esta vez la situación era muy distinta. No se trataba de impresionar a los conocidos que veía a diario en clase, ahora el timeline estaba lleno de personas de todas las partes del mundo que no conocía en la vida real. Esto me ayudó mucho a ver que había más gente que las personas con las que me relacionaba en las aulas o en el pueblo donde vivía. Había más en el mundo.

Años después llegó Snapchat, que fue muy divertido en su momento por la novedad de la rapidez en la que desaparecían las publicaciones. También por los infinitos filtros de diferentes orejas de animales y deformidades varias en las caras. ¿Os acordáis de cuándo había un filtro para intercambiar las caras con amigos? Esta etapa en la que estuve enganchado a Snapchat fue más larga de lo que me gustaría reconocer… Me costó dar el salto a Instagram, pero finalmente lo hice (que es la adicción actual). No me gusta decir que estoy enganchado a esta red social pero sí es de las aplicaciones en las que paso más tiempo. Siento que con esta última la presión para aparentar lo que no se es ha llegado a su punto álgido.

En mi opinión, estar mucho en las redes sociales solo lleva consigo cosas negativas. Nos impide vivir el momento, ya que nos animan a seguir viendo publicaciones de gente que, en muchas ocasiones, ni conocemos. Por este motivo es importantísimo ser consciente del tiempo que invertimos en cada red social para saber reconocer cuándo es demasiado y hacer el esfuerzo de desconectar. Piénsalo de esta forma: si no estás viendo las creaciones de otras personas, puedes empezar a crear tú lo que quieras. No solo consumas lo que se te presenta delante de los ojos, sé selectivo. Deja de seguir. E identifica cuando es demasiado para parar a tiempo. Ser adicto a las redes sociales no merece la pena.


Marc Gavaldà
Marc Gavaldà

Chico de 26 años y sumando. Me gusta: la comunicación, técnicas de productividad, gestión del tiempo, viajes, música y más.

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